Catálogo de la familia paraguaya

Lejos de la aspiración de un modelo único, la familia puede ser tan diversa como las personas que habitan este país.

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Ilustración: El Surtidor.

Familia viene del latín famīlia, que en la antigua Roma era un grupo de siervos y esclavos patrimonio de los padres de familias. Las mujeres y sus hijos no estaban incluidos.

En Paraguay, los guaraníes tenían varias esposas, y ofrecían a sus hijas a los españoles como parte de acuerdos políticos, algo que los colonizadores aceptaban.

El concubinato era una práctica común durante el gobierno del Dr. Francia y el 80% de los nacimientos ocurría fuera del matrimonio cuando Carlos Antonio López llegó al poder. Este último hizo una campaña para instalar el modelo de familia nuclear que conocemos hoy: padre, madre e hijos. Pero se sabe que los suyos no se ciñeron al mandato.

Benigno tenía hijas e hijos extra-matrimoniales y Francisco Solano nunca formalizó su relación con Elisa Lynch. Luego de la guerra de la Triple Alianza, el obispo Juan Sinforiano Bogarín encontró que las mujeres eran las que más se resistían al matrimonio, porque perdían libertad. No podían vender o hacer demandas.

Recién en 1992, el Código Civil reconoció la igualdad civil de la mujer casada. Antes, solo el padre tenía derechos sobre los hijos.La familia se construye. Se puede ver en la historia y en las imágenes de este foto-reportaje.

La familia la hace la gente, organizando sus necesidades y repartiendo afectos hasta donde permitan las fuerzas. Lejos de la aspiración de un modelo único y homogéneo, la familia paraguaya puede ser tan diversa como las personas que habitan este país. Sus contornos apenas delineados, es de número variable y roles intercambiables.

La mujer es jefa de hogar en tres de cada diez hogares paraguayos. Cientos de niños y niñas crecen cada año con sus abuelas, que son madres de mujeres que migraron a Argentina o España donde a su vez cuidan a abuelas y a los hijos de otras mujeres. Familia es, por encima de todo, esa que acepta, como las que se enumeran en este catálogo. Familias como las de Mariana Sepúlveda, que la bautizó con otro nombre pero hoy la llama por el que ella se identifica. Como la de Esteban Humberto, que le dio una casa y el afecto de un hogar cuando solo tenía calle. O como la de Bruno Comas, que aparece rodeado de sus amigos que lo bancan en un proceso judicial que el Estado emprendió en su contra. Familia es esa que incluye, o como decían Lilo y Stitch, ’ohana, la que no te olvida ni te abandona.

La familia de Nicolás Martínez, de 27 años, se mantuvo a su lado cuando les admitió que era gay durante una cena en su adolescencia. Dice que hay familias que evitan lidiar con la construcción de identidad de sus integrantes. La suya no es una de ellas.

Desde el 2013, la Mansión 108 es un punto de referencia y resistencia donde conviven  personas militantes de la comunidad LGBT+. «108» es un número emblemático: en dictadura, esa fue la cantidad de hombres homosexuales detenidos en una redada por el asesinato del locutor Bernardo Aranda.

Bruno Comas fue imputado por la Fiscalía por una performance artística que hizo en un evento de la organización Somos Gay. Sobrelleva ese difícil proceso refugiándose en el afecto y contención de sus amigos, «su familia elegida» como le llama él.

La cédula de identidad de Mariana Sepúlveda dice que se llama Emanuel. Pero hace tiempo que ella dejó de identificarse con ese nombre, una transformación que sus padres María Isabel y Gaspar y su numerosa familia de hermanos y sobrinos acompañaron. Hasta ahora, el Estado se niega a aceptar su cambio de nombre.

Esteban Humberto es muchas cosas: músico, cocinero, activista independiente y hombre transexual bisexual. Para él, los padres de un amigo son como los suyos. Le ofrecieron un hogar cuando no tenía donde ir.

«La familia son las personas que te cuidan», dice Rosa Posa Guinea, que hace 22 años vive en Paraguay, y desde el 2003 forma parte de Aireana, el primer grupo de lesbianas organizadas del país. Aquí su familia la componen personas que eligió, como compañeras de trabajo y de militancia.

En el teatro, su profesión, Omar Mareco encontró a la mayoría de las personas que considera familia. Envidia Metenés es un personaje que él creó, una referencia en el arte drag de Asunción.

Alexander García no es Lexxy Quinn. Asegura que es una identidad que construye cuando se pone la peluca. Alex es un hombre gay, activista por los derechos de las personas LGBT y maquillador profesional. Aunque tiene una buena relación con su familia biológica, ha creado un entorno de personas que le respaldan y con quienes conecta profundamente.

La familia de Fátima Aguilar o Fachu está marcada por la ausencia de la figura varonil y la presencia de mujeres luchadoras. Ernestina, su hija de siete años, ya había nacido cuando Fachu asumió su orientación sexual: bisexual.

Rose Colmán se siente extraña al referirse a sí misma como mujer lesbiana. Cree que es una persona no binaria. Se alejó de su familia biológica, que es mormona, porque ha sido difícil que acepten su orientación sexual. Su familia son sus amigas y amigos, y para ella familia es manada, un concepto que reivindica al grupo y su diversidad.

FUENTE: Artículo original publicado por El Surtidor.