No es culpa de los mesiteros ni de los artistas

Con lo ocurrido en el evento “Revolución Cultural”, esta semana en el centro de Ciudad del Este, demostramos una vez más que somos el producto de un sistema con una estructura que no tiene políticas públicas con enfoque al desarrollo cultural-urbano. Esto inicia con la total ausencia institucional cultural en el este del Paraguay, la falta de fortaleza de un sector que pide a gritos espacios para su expresión y la carencia de personas idóneas al frente de la defensa de la cultura como derecho humano.

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La calle Monseñor Rodríguez pintada con ñandutíes, fue escenario de disputa por el uso del espacio público entre mesiteros y artistas. (Foto: El Puente).

Por Raquel Bareiro, Lic. en Teatro y Gestora Cultural

Partamos de la premisa que la cultura no desarrolla solo el sector artístico, sino que es derecho humano inherente a cualquier sociedad o comunidad, es una arista que sostiene una realidad nacional, una realidad de los pueblos y es el ingrediente principal de lo que somos hoy. En otras palabras, analicemos la situación: por un lado tenemos a los mesiteros, en su espacio de trabajo ganado sin importar como, pero que es su medio diario de sustento y forma de vida, por el otro tenemos a los artistas, luchando por adquirir un espacio en esta sociedad, ambos lados tienen más en común que compartir que diferencias que combatir.

O sea que faltó una mediación seria y profesional entre ambos grupos, algo imposible de esperar de una administración que ve a las artes como un mero entretenimiento y al comercio como una actividad más, nada sin planear y mucho menos integrar como un todo.

Esto seguirá así, ya que todo se maneja como un gran parche, sin tener en cuenta elementos claves para las conversiones urbanas, como la participación, la comunicación y el conocimiento concreto para la aplicación de planificaciones a largo plazo que puedan realmente crear un gran cambio hacía un soñado desarrollo, ya visto con miles de ejemplos en diferentes países.  

En este artículo no podemos dejar de citar a la UNESCO, organismo del cual Paraguay es miembro desde 1955: “Situar la cultura en el núcleo del desarrollo constituye una inversión esencial en el porvenir del mundo y la condición del éxito de una globalización bien entendida que tome en consideración los principios de la diversidad cultural”.

Es penoso mencionar la falta de consciencia en cuanto a la importancia que sostiene el bien cultural en nuestra sociedad, hoy día no constituye una herramienta dentro del plan de desarrollo municipal, que sea técnico, administrativo, estadístico, formativo y con objetivos de alcances clarificados.

Los proyectos implementados desde el sector “Cultural” de la Municipalidad no disponen un medio para acceder a una vida digna, intelectual, afectiva, moral y éticamente satisfactoria a largo plazo, más bien repite el modelo hegemónico de administraciones anteriores.

Tampoco podemos respaldarnos en la Carta Orgánica Municipal anticuada o algún reglamento en donde se establezcan las disposiciones básicas para gestar un porvenir cultural transversal en la dignidad de la población esteña.

“La reconstrucción de la ciudad” no se generará con la buena predisposición del sector privado (los artistas auto-gestionados) debemos contar con políticas publicas culturales que impulsen, promuevan el capital intelectual, y no sólo uno o dos artículos en las disposiciones municipales.

El cambio se logra jerarquizando y formalizando al sector, formando una dirección de cultura independiente, teniendo su propio presupuesto y personas idóneas en sus cargos.

Se trata de anclar la cultura en todas las políticas de desarrollo, ya conciernan a la educación, las ciencias, la comunicación, la salud, el medio ambiente o el turismo, y de sostener el desarrollo del sector cultural mediante industrias creativas: así, a la vez que contribuye a la reducción de la pobreza, la cultura constituye un instrumento de cohesión social.

(UNESCO)